Los funcionarios que la sociedad llama sus jueces son simples dispensadores de escarmientos. ¿Debe en consecuencia darse ese noble dictado a quién no puede premiar y traer placer alguno, viéndose recluído únicamente a procurar dolor y nunca otro goce que el de una restitución mermada? Sin desearlo, fatalmente, el juez resulta ser, en muchos casos, no sólo el que nos devuelve lo que es nuestro, sino el depositario de nuestros más bajos y cobardes deseos.Esteban Solaguren, "Un Juez Rural"

Querido amigo,
ResponderEliminarVeo que regresa a nuestro conocido Prado, y su Juez Rural. Me alegra que lo haga.
Mi modesto aporte aquí se limitará sólo a indicar un texto poco conocido. Me refiero a la obra del mexicano Salvador Cordero Buenrostro (1876-1951), autor de "MEMORIAS DE UN JUEZ DE PAZ: Puestas en orden y escritas en forma narrativa", compuestas el año 1910 y publicadas en su 2ª ed. en 1913 (Vda. de Ch. Bouret, México, 1913,VIII-208 pp.). Las he leido en la versión electrónica disponible en
http://www.archive.org/stream/3671829/3671829_djvu.txt.
Me gustaría disponer, para mi archivo, de imagen de portada del libro. Tal vez algún asiduo del blog pueda colaborar a ello.
Entre tanto, mi saludo y felicitaciones
J. Calvo
Estimado Profesor Calvo:
ResponderEliminarMuchas gracias por su comentario y link, será un bonito libro que explorar.
Hay que volver siempre con Prado y su Juez Rural. Hoy por hoy el tema del vagabundo, su calificación penal y su "ascetica urbana" nos tiene ocupados en el personaje de "Calienta La Tierra", un superhombre mitológico en la voz de Mozarena, el amigo pintor de Solaguren. Pero queda bastante para que este trabajo dé la luz.
Esperamos igualmente contar con esa portada, tal vez nuestro amigo mexicano Manuel de J. pueda ayudarnos con ella.
Como siempre, le doy las gracias por su blog y sus libros; son para mi y para otros, fuentes de inspiración.
Saludos.