LA SALA NÚMERO SEIS – ANTÓN CHÉJOV

by kandacemarion
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No es novedad comparar la locura con la delincuencia o admitir que son la misma cosa. Puede que se admita que la diferencia radica en su razonamiento y voluntad, pero independiente de eso, sus actos llegan muchas veces a un mismo resultado y los conllevan a una misma consecuencia: privación de libertad. Pero, a la hora de determinar quién es el loco o delincuente, es indiferente que razonen o no, o que tengan intenciones o no en sus actos, por mucho que se admita lo anterior, será el razonamiento o voluntad de un tercero el que decida aquello; y no sólo el juez o el médico sino que todo su entorno:

Cuando le digan que está usted enfermo de los riñones o que tiene dilatado el corazón, y que se ponga en tratamiento, o cuando le declaren loco o delincuente, o sea, cuando la gente ponga su atención en usted, sepa que ha caído en un laberinto del que jamás saldrá. Y si lo intenta, se extraviará más aún. Claudique, porque ya no habrá fuerza humana que le salve.

El cuento presenta dos caminos por medio de los cuales se llega a la sala número 6 o sala de encierro, el tomado por Andrei y el de Iván. Cada camino representa dos extremos de un mundo distinto; el de las ideas y el de las sensaciones, y en los cuales ya sabemos, convivimos simultáneamente. Los personajes del cuento han decidido optar de manera obsesiva por uno de los mundos.

“…los libros son una partitura, y la conversación un canto.”

El laberinto de Andrei empieza por su obstinación de quedarse en su cabeza, siendo completamente indiferente con la realidad, encontrando disfrute únicamente en lo que él llama “las manifestaciones espirituales del entendimiento humano”:

“¡Qué lástima estimado Mijaíl Averianich, que no haya en toda la ciudad personas capaces y amantes de sostener una plática interesante e inteligente! Es una gran privación para nosotros.”

Su obsesión por disfrutar el canto de conversaciones interesantes llega al punto de sentir la ausencia de este goce como una gran privación. Esto implicó orientar sus movimientos reales hacia espacios no aceptados por los demás. Un médico muy viejo conversando con total naturalidad, todos los días y gran parte del día con un loco que grita e insulta a todo el mundo, todo eso, sumado con el juego de intereses personales de sus próximos, en cuestión de días pasa a ser parte de la sala número 6.

Mi única enfermedad consiste en que durante veinte años no he encontrado en la ciudad más que una persona inteligente, y la única que he hallado, está loca.

Y una vez sufriendo por estar privado físicamente, comienza a percatarse de lo que no nunca había querido hacer; sentir. Logra evidenciar las distancias de magnitud que existen en su imaginativa privación de no poder cantar y la dura privación de su libertad.

Andrei Efímich seguía convencido de que entre la casa de Bievola y la sala número seis no existía diferencia alguna; y de que, en el mundo, todo era tontería, vanidad de vanidades; pero las manos le temblaban, sentía frío en las piernas y se horrorizaba […].



Mientras que Andrei escapa del mundo porque lo repudia en exceso, Iván sale del mundo en su intento de no salir de él. Su mundo de percepciones desborda el mundo percibido hasta el punto de percibir realidades inventadas, quiere exageradamente experimentar sensaciones, más de las que la realidad le otorga.

La argumentación sobre qué es la vida, pareciera ganarla el loco de la sala, dejar de vivir es para Iván “perder toda sensibilidad”. Iván vive porque sufre, porque siente ese dolor. Las riquezas, las comodidades de la vida, el sufrimiento y la esperada muerte, son la vida misma, y para este una vez que nos volvemos indiferentes a la vida, dejamos de vivir. Esto sí, habla de sufrir como no despreciar la vida, pero no una necesidad para vivir.

En el cuento pueden verse más objeciones de injusticias que se encuentran en la justicia. Como por ejemplo, la relación entre el campesino bruto y el juez, que luego se evidencia mejor con el cuento “El delincuente” del mismo autor, o la total indiferencia de los administradores de la justicia por la completa realidad de cada caso, o cuando el abogado se acerca al caso por resolver, y no puede adentrarse a sentir del sufrimiento del oprimido, si lo hace se escapa de su concentración para con las reglas lógicas del procedimiento y de las reglas lógicas de los derechos, y para no ser perjudicial a su función; debe ignorar la realidad. Sí debe trabajar en base a ese sufrimiento, ya que el placer o la ausencia de este será lo que determine su paga, parecido a la labor del médico del cuento; “como una sanguijuela, se ha nutrido de los sufrimientos ajenos”.

Omar Ariel Astorga

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