NAÏF



Ya es hora de empezar a jugar. Somos humanos, por cuanto debemos preocuparnos de nuestra contingencia, y no de lo necesario, sin dejar de reconocerlo, por supuesto. Vivir la imperfección sin sufrimiento alguno. Invadir el mundo con juegos que confundan y diviertan, que compongan agudamente la actual –y quizá- la natural esquizofrenia social.

Hay un montón de personajes en la historia que se la han pasado buscando modos de acercarse a Dios, otros tantos han usado su tiempo en construir fórmulas (con ingenio asombroso) para tratar de entender todas esas preguntas inquietantes que nos llenan de temor. Una gran mayoría en tanto llanamente está ahí, estancada, siguiendo al ganado, dejando que se les creen necesidades de consumo ficticias, dejando que la satisfacción de esas necesidades sean su única meta clara en la vida.



Qué gran peso ser gran pez, ser elite, el hueón que sí pudo estudiar. Qué gran peso ser descendencia, tanto inmediata como mediata, de quiénes montaron todo este panorama, un espacio vacío en donde ya nadie se detiene a observar, donde ya nadie hace nacer poesía de la vida misma, de las relaciones humanas. Donde hay quienes hace ya mucho tiempo olvidaron lo sencillo que puede ser todo esto. ¡Nuestras cabezas contra los muros muchachos! ¡Nuestra felicidad vendida al mejor postor!

Creo sí y lo dejo claro, en la vida se debe jugar, pero no se debe jugar con la vida. Por esto se hace presente la implicancia necesaria de la democracia, la política, el ordenamiento jurídico, los valores morales y las virtudes en general en esta sociedad. Quienes aman ese campo debiesen ser aclamados fervientemente. La virtuosidad y todos los cuestionamientos filosóficos acerca de ésta, si bien son parte de un laberinto no enteramente claro, hasta ahora, al igual que las matemáticas, han servido para construir los pilares y han servido para organizar en gran forma las relaciones humanas. Pero no olvidar, son solo herramientas.

Ahora bien, llego al punto de partida y me pregunto cuál es el rol que venimos a cumplir esencialmente a este mundo? Y no creo que sea uno relacionado con lo trascendental, y no creo que sea el de construir la perfecta civilización, organizada materialmente. (De hecho tiendo a seguir la tesis de que el nomadismo es de nuestra esencia). Me observo y observo toda la gente que me rodea y me doy cuenta que cada uno es un potencial pequeño dios, una mente que tiene a su disposición un mundo entero para transformarlo, para hacer nacer creaciones propias, creaciones provenientes de lo más íntimo de la esencia de sí mismos. Y concluyo que es hora de comenzar a potenciar lo que realmente somos, de comenzar a crear nuestros propios universos y a jugar con ellos y con otros universos, así como lo hacía Cortazar o Huidobro. Y qué es la creación, si no arte, cuando es producida con poesía, es un juego en donde se combinan infinitas visiones sociales y psicológicas, pertenecientes éstas, como ninguna otra cosa en este mundo, a lo que somos. La rehabilitación de nuestras mentes (como conjunto), sólo se va a conseguir si nos damos cuenta que lo que realmente nos constituye no es más que la facultad eterna de jugar con el arte, con la literatura, con la mismísima locura sana. Así como hacen los niños, quienes siguen sus naturales inclinaciones, quienes son la inocencia y la ingenuidad misma, contrapartes del miedo que nos acosa de mil maneras, quienes son sobre todo näif.

Germán Johannsen Gomila _______________
N.del E.: Esta columna se escribió hace 8 años en un pequeño paskín titulado "La Boutique Näif", integrado por estudiantes de la PUC, principalmente de Derecho y que actualmente son parte de la IusPoética. El día de hoy cobró mucho sentido y por eso la compartimos.

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